Homenaje a mi gata

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Esta noche mientras comienzo a escribir esto se cumplen 3 días desde que repentinamente nuestra gatita Gigi desapareció desde nuestro jardín y de la faz de la tierra, son 3 días que llevamos una tristeza profunda, un nudo en la garganta e inconformidad por asumir lo que está pasando.

Acabo de llegar de recorrer las casas cercanas infructuosamente, casi todas sólo con perros, en unas pocas se ve un gatito en el jardín, sólo en ellas pego con cinta mi aviso de «gatita perdida» esperando casi que estos compañeros gatunos puedan ayudarme.

Todos quienes hemos adoptado gatitos hemos vivido alguna vez una experiencia triste, yo llevo varias desde la infancia casi siempre con gatos y así como puedo recordar cada uno de sus nombres también recuerdo cada uno de los llantos desesperados causados por tristes finales.

En estos días que me he aprovechado de cuanta red social tengo, me siento agradecida de todos quienes me han entregado lindas palabras, apoyo, buenas vibras, así como compartido mis avisos. Empatía, sentimiento que usualmente cuando se trata de redes sentimos que va en peligro de extinción.

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No sé porqué en esta oportunidad el dolor me pegó más fuerte y me lleva a escribir esta especie de homenaje a mi compañera felina por casi 1 año 3 meses. Quizás es sólo una forma de desahogo, o porque ya tengo más edad y que como reconozco que soy una solitaria por elección su compañía era más especial, importante o simplemente quiero compartirla y no olvidarla, no todo el cariño que me entregó y que hoy me tiene con el corazón roto. Mi gata se transformó en una compañera, junto a mi madre un aquelarre humano-felino que hoy deja un vacío enorme que no podemos llenar y que nos tiene a cada segundo olvidando que no está y a mi llorando por los rincones.

Cada gato tiene su personalidad marcada y eso los hace queribles o no. Mi gata era una de aquellas, amorosa cuando quería, que para ser justa casi ‘es’ la mayor parte del tiempo. Buena compañera, partner en las largas noches de taller, las tardes de flojeos viendo series, en el jardineo, hasta en el baño!. Extraño sentirme observada, fiscalizada. Extraño el sonido de sus patas estiradas haciendo fuerza para abrir la puerta de mi taller para luego sólo salir o sus patitas sin uñas sobre mi mejilla. Siempre sentimos que disfrutaba nuestra compañía, ser parte de esta tríada.

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Echo de menos verla correr mientras la persigo como loca por la casa y mejor aún cuando me lograba engañar al salir por lados opuestos. Y su gracia de traerme uno de los tantos cascabeles que abundan por el suelo, todos suyos. Ya quisiera escribir esto y sentir el tintineo de los cascabeles de fondo. Desde la búsqueda que los llevo conmigo para hacerlos sonar y soñar que de la nada corriendo apareciera maullando.

Mientras escribo me cuesta controlar las lágrimas porque estoy recordando su carita mirándome de frente al echarse sobre mi mientras veo televisión, una mirada muy especial, diferente a la del día a día y yo haciéndole masajes en las mejillas como leí una vez en la BBC (zona no prohibida) hasta verla relajada dormida. Incluso añoro su mirada de pupilas negras redondas cuando me dejaba heridas de guerra jugando o su exigencia por el espacio en la cama para terminar durmiendo estirada por completo incluso de espalda o sobre mi espalda, porque yo le permito todo lo reconozco y lo quisiera seguir haciendo. Para que hablar de la patudez de dejarse caer pesadamente en mi cuello como cuando era pequeñita… o los besitos sobre sus bigotes!.

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Pucha que rabia siento, me pongo incluso algo mala pensando que tanto gato peleador que viene a la casa y justo desaparece mi gata, de quién fui hasta chaperona porque temía que se perdiese de pequeña, quizás hasta soy culpable de que no pueda regresar… quisiera tanto ser yo parte de esas historias que se cuentan de gatos o perros que regresan después de un tiempo, pero mi yo realista no me permite soñar tan alto. Yo solo quería que fuésemos compañeras hasta viejitas.

Daría lo que fuese por saber que está bien, esa incertidumbre es el dolor más profundo. Porque ese amor incondicional que nos entregó sólo merece cosas buenas alejado de cualquier sufrimiento.

Ahora actualizo esto que escribí días atrás y busco fotitos para acompañar estas palabras de desahogo (tengo cientas!). Hoy es martes 3 y se cumplen exactamente 7 días desde que la Gigi desapareció, casi la misma hora exacta en que sentí su ausencia (ya nos tenía acostumbradas a sus paseos cada 5 minutos para vernos) y el día luce igual muy caluroso, desierto.

He pensado que ya no quiero más gatos en casa, me siento un poco egoísta y cobarde pensando así, aunque sé que es la tristeza la que habla… Te quiero y extraño Gigi y te seguiremos esperando! <3

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Actualización: Hoy miércoles 4 de septiembre escribo con felicidad porque así como de la nada desapareció, de la nada regreso a nuestro hogar!!! Muchas gracias a todos por su energía positiva y recomendaciones gatunas!!! <3

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